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sábado, 25 de octubre de 2014

.- LA REDENCION DE TOM .- CAPITULOS 73º 74º Y 75º

CAP 73.-
31 de enero de 2012
Cambridge, Massachusetts

La profesora Picton estaba en la sala de conferencias de Harvard, contemplando a la multitud con sus ojos de color gris azulado. Acababa de pronunciar una conferencia, media hora después de que el profesor Jeremy Martin diera la suya. Había respondido ya a las preguntas de los asistentes y el profesor Greg Matthews le había hecho entrega de un pisapapeles muy elegante de parte del Departamento de Lenguas Románicas. Aún no había tenido oportunidad de saludar a los Kaulitz y estaba impaciente por hacerlo. La habían invitado a cenar a su casa para que pudiera escapar de los experimentos culinarios de Greg.
—¡Ah, ahí estáis! —El nítido acento británico de la profesora Picton destacó sobre el murmullo de la docena de conversaciones de su alrededor.
Rápidamente, bajó por el pasillo hasta el lugar donde _______ permanecía sentada, mientras Gabriel, a su lado, se había levantado para hablar con la supervisora de ______, la profesora Marinelli.
—Katherine —la saludó él diplomáticamente, antes de darle un beso en la mejilla.
—Tom, ______, me alegro de veros. —Volviéndose hacia la profesora Marinelli, añadió—: Cecilia, es un placer, como siempre.
—Lo mismo digo. —Las dos mujeres se abrazaron.
—¿Y bien? ¿Has hablado ya con Jeremy, Tom? —preguntó Katherine, como siempre yendo directa al grano.
—No.
—Creo que ya es hora de que enterréis el hacha de guerra, ¿no?
Cecilia miró a sus colegas y se despidió educadamente, dirigiéndose a una zona menos conflictiva de la sala.
—Yo no tengo ningún problema con Jeremy. —Tom sonaba ofendido—. Es él el que tiene el problema conmigo.
Katherine abrió mucho los ojos.
—En ese caso, no te importará que lo traiga aquí.
Y dicho esto, se acercó a Jeremy Martin con decisión y empezó a hablar con él.
______ contemplaba la escena sin saber qué pasaría. Era evidente que el profesor Martin no tenía ganas de hablar con Tom. Vio cómo miraba en dirección a éste, se volvía hacia Katherine y negaba con la cabeza enérgicamente.
La profesora pareció reprenderlo y poco después ambos se acercaron a ellos.
—Allá vamos —anunció _______, cogiendo a su marido de la mano.
—Kaulitz —dijo el profesor Martin, tenso.
—Jeremy.
Katherine miró a uno y a otro y frunció el cejo.
—Venga, ¿a qué esperáis? Daos las manos.
Tom soltó a ______ para ofrecerle la mano a su antiguo amigo.
—Por si sirve de algo, Jeremy, lo siento.
_______ miró a su esposo sorprendida. Al profesor Martin también parecieron pillarlo por sorpresa las disculpas de Tom. Cambiando el peso de pie, paseó la mirada entre éste y _______.
—Creo que tengo que felicitaros. Os casasteis el año pasado, ¿no?
—Así es —respondió ella—. Gracias, profesor Martin.
—Llámame Jeremy.
—Sé que estamos en deuda contigo. Nunca lo olvidaré —confesó Tom, bajando la voz.
Jeremy dio un paso atrás.
—Éste no es el momento ni el lugar.
—Pues salgamos a hablar al vestíbulo. Venga, Jeremy, fuimos amigos durante años. Sólo trato de disculparme.
El otro hizo una mueca.
—De acuerdo. Señoras, si nos disculpan... —Con una inclinación de cabeza en dirección a Katherine y a ______, siguió a Tom pasillo abajo.
—Parece que no ha ido mal. —_______ se volvió hacia Katherine.
—Ya veremos. Si vuelven sin haber derramado sangre, te daré la razón. —Con los ojos brillantes, añadió traviesa—: ¿Vamos a espiarlos desde la puerta?

Aquella noche durante la cena, Tom y _______ no hicieron ningún comentario sobre el embarazo. Seguían decididos a no hacerlo público hasta que estuviera en el segundo trimestre. (Sin embargo, todo el mundo pudo fijarse en el Volvo todoterreno que Tom acababa de comprar y que había dejado aparcado en la acera, a la vista de todos. Era fácil sacar conclusiones.)
No obstante, mientras Tom estaba en la cocina preparando café, Katherine volvió sus astutos ojos hacia ________ dando unos golpecitos en el mantel con un dedo.
—Estás en estado.
—¿Qué? —Ella dejó el vaso en la mesa para que no se le derramara el agua.
—Es obvio. No tomas vino ni café. Y tu solícito esposo se deshace en atenciones y te trata como si fueras de porcelana, aunque al mismo tiempo no puede ocultar el orgullo masculino cargado de testosterona que le sale por las orejas. No podéis engañarme.
—Profesora Picton, yo...
—Te he dicho que me llames Katherine.
—Katherine, aún no estoy de mucho tiempo. No se lo hemos dicho a nadie, ni siquiera a la familia. Estamos esperando a cumplir los tres meses.
—Haces bien. Y en el departamento no tengas prisa por contarlo. Cuanto más tarde lo digas, mejor. —Katherine bebió el vino a sorbitos, perdida en sus pensamientos.
—Tengo miedo de decirlo.
La profesora dejó la copa en la mesa.
—¿Por qué, si puede saberse?
_______ se llevó la mano al vientre.
—Por varias razones. Tengo miedo de que piensen que no me tomo los estudios en serio. Tengo miedo de que Cecilia se desentienda de mí.
—Qué tontería. Cecilia tiene tres hijos. Dos de ellos nacieron mientras era estudiante en Pisa. Siguiente pregunta.
_______ la miró con la boca abierta.
—No tenía ni idea.
—La conozco desde hace años. Es una madre trabajadora que trata de sacar tiempo para estar con su familia. Por eso pasan los veranos en Italia, para que los niños puedan estar con sus abuelos. Siguiente problema.
—Ejem, tengo miedo de que me quiten la beca de investigación.
—Las universidades han cambiado mucho últimamente. Hay normas que impiden que los departamentos tomen ese tipo de medidas. Tienes derecho a coger una baja por maternidad. De hecho, si no me equivoco, Harvard tiene un comité de igualdad que velará porque recibas un trato justo. Aunque tu departamento estuviera dirigido por un idiota, que no es el caso, tendría que seguir la normativa. Siguiente problema.
—No quiero pedir la baja por maternidad, pero mi ginecóloga dice que debo estar de baja seis semanas tras el nacimiento del bebé. Tengo miedo de perder el semestre.
—¿No quieres pedir la baja por maternidad? ¿Estás loca?
Cuando _______ empezó a protestar, Katherine levantó una mano arrugada.
—Puede que yo sea una solterona, pero te puedo decir sin temor a equivocarme, que si no te coges la baja no estarás a la altura ni en los estudios ni con tu bebé. Tienes derecho a esa baja y deberías aprovecharla.
—¿No les sentará mal en el departamento?
—Puede que alguno de los viejos fósiles proteste, pero si cuentas con el apoyo de tu supervisora, ¿qué más te da? Te aconsejo que hables con Cecilia y le pidas asesoramiento. Ella sabrá lo que tienes que hacer. No permitas que los misóginos te coloquen en una situación imposible.
Pensativa, Katherine se golpeó la barbilla con un dedo.
—Siempre estoy dispuesta a echar una mano para luchar contra las injusticias. Si alguien trata de perjudicarte, se las verá conmigo. De hecho, estoy tentada de aceptar la oferta de Greg Matthews de unirme al departamento, sólo para asegurarme de que nadie te ataca.
________ se quedó boquiabierta.
—¿De verdad?
—He decidido vender la casa de Toronto. Me han ofrecido renovar el contrato con All Souls, en Oxford, pero la verdad es que allí sólo hay unos cuantos tipos a los que tolero lo suficiente como para tomarme una taza de té con ellos. Y eso hace que las comidas se hayan vuelto muy desagradables.
—Sería maravilloso tenerte en Harvard.
—Sí, cada vez me apetece más —admitió Katherine con los ojos brillantes—. Aquí es donde está la acción. Además, Greg se ofreció a encargarse de mi biblioteca personalmente. Me tienta mucho aceptar sólo por verlo empaquetar mis libros uno a uno.
________ se echó a reír al imaginarse al distinguido profesor Matthews trasladando la gran biblioteca privada de la profesora Picton con sus propias manos.
—Me alegro mucho de que Tom y tú vayáis a tener un hijo. Me traslade o no, espero que me dejéis ser la vieja y excéntrica madrina que le compra regalos extravagantes y le deja comer cosas que no le convienen.
—Nada me gustaría más. —________ apretó la mano de Katherine justo cuando Tom volvía con el café.
Él se quedó mirando la escena.
—¿Qué pasa?
La profesora alzó la copa de vino en dirección a él.
—Le estaba diciendo a ______ que acepto el honor de ser la madrina del bebé.

Al acostarse, _______ le preguntó a Tom cómo había ido la conversación con el profesor Martin. Él se quedó mirando el techo.
—Mejor de lo que esperaba, aunque dudo que llegue a perdonarme nunca del todo.
Ella le apoyó la cabeza en el pecho.
—Lo siento.
—Cree que le di una puñalada por la espalda, tanto a él como al departamento. Aunque parece que haberme casado contigo ha hecho que mejore su opinión de mí. Tal vez cuando se entere de que estamos embarazados, se calmará un poco más.
—¿Cómo te sientes?
Se encogió de hombros.
—Era mi amigo. Siento que nos hayamos distanciado, pero no puedo arrepentirme de lo que hice. Volvería a hacerlo.
______ suspiró.
—Bueno, el día también ha tenido sus cosas buenas. Me ha gustado ver la reacción de mis compañeras cuando has aparecido.
Los labios de Tom esbozaron una sonrisa.
—¿Ah, sí? ¿Cómo han reaccionado?
Ella se tumbó boca abajo.
—Como si nunca hubieran visto a un profesor que estuviera bueno. La verdad es que estabas impresionante, con el jersey de cuello alto.
—El jersey de cuello alto siempre tiene ese efecto en la gente.
—No, era por el hombre que había debajo. Me he sentido muy orgullosa. —Jugueteó con el borde de la sábana—. Aunque todavía circulan rumores.
—¿Qué rumores? —Tom se incorporó un poco para no perder el contacto visual.
—Zsuzsa me ha dicho que hay rumores de que estoy en Harvard gracias a ti.
—Cabrones. Es culpa de Christa.
—No del todo. Tomamos decisiones y ahora debemos asumir las consecuencias.
—Lo que pasó en realidad y lo que se cuenta no tienen nada que ver.
—Tienes razón. Te interesará saber que ahora mismo corren más rumores sobre Christa que sobre nosotros.
Tom la miró con curiosidad, pero también con cautela.
—¿Sobre Christa? ¿Por qué?
—Sean, uno de mis compañeros, tiene un amigo en Columbia. Éste le contó que la habían echado de la universidad. Ningún profesor ha querido examinarla.
Tom alzó las cejas.
—¿De verdad? Cuando estuve en Nueva York, Lucia mencionó que Katherine se había quejado de la actitud de Christa en Oxford. Pero dudo que su expulsión tenga nada que ver con nosotros. Lucia también comentó que su trabajo no estaba a la altura.
—Puede que no se llevara bien con los especialistas en Dante de ese departamento. Éstos pueden ser muy susceptibles —bromeó _____, guiñándole un ojo.
—No sé a qué te refieres —replicó él, haciéndose el digno.
—Sean también dice que Christa seguirá sus estudios en Ginebra.
—En Ginebra no hay Departamento de Italiano. Forman parte de un consorcio.
—Eso es lo que dicen los rumores.
Tom negó con la cabeza.
—Si se hubiera centrado en sus estudios y no se hubiera obsesionado conmigo, probablemente seguiría en Toronto. Sus trabajos iniciales eran buenos. Pero se distrajo con tantas maquinaciones y su rendimiento bajó.
»Y luego cometió el error garrafal de enfrentarse a Katherine. A Lucia eso no le gustó nada.
—¿Por qué?
—Katherine es una de las principales figuras en su campo. Si alguien quiere publicar sobre Dante, o pedir una opinión autorizada, acude a ella. Si respeta tu trabajo, lo dice, pero si no lo hace, también lo dice. Nadie quiere enemistarse con ella por si algún día necesitan su aprobación. Y eso incluye a Lucia y a todos los profesores de su departamento.
_______ frunció los labios.
—No quería destrozarle la vida a Christa. Sólo quería que nos dejara en paz.
—No lo hiciste tú; se lo ha hecho ella sola. Tuvo varias oportunidades para rehacer su vida y no las aprovechó. Nadie la obligó a ir a Oxford a boicotear tu conferencia. Y que su trabajo en Columbia fuera mediocre no es culpa de nadie más que de ella.
—Supongo que tienes razón. —______ apoyó la cabeza en la almohada—. El mundo académico es muy extraño.
—Sí, se parece a Marte, pero con más sexo.
Ella se echó a reír.
—Me alegro de gustarle a Katherine. No me quiero ni imaginar lo que debe de ser tenerla como enemiga.
—Yo tampoco. En cualquier caso, hablaré con Greg Matthews y le pediré que acalle los rumores sobre nosotros.
—Si tienes que pedírselo como un favor especial, no lo hagas. Prefiero que lo guardes para otra cosa.
—¿Para qué?
—Katherine cree que debo pedir la baja por maternidad. Me ha aconsejado que lo hable con Cecilia.
Tom le acarició las cejas con los dedos.
—¿Y tú qué quieres hacer?
—Tengo que hablar con Cecilia, pero quería esperar a estar de más de tres meses. La mayoría de los abort... —Al ver la mirada de Tom, no pudo acabar de pronunciar la palabra—. La mayor parte de los problemas tienen lugar durante el primer trimestre.
—Si quieres coger la baja por maternidad, hazlo. Si no quieres, no la pidas. Yo la pediré igualmente. Y tras la baja por paternidad, puedo tomarme el año sabático que me deben. Podría estar en casa con el bebé casi dos años.
—¿No hay ninguna norma que prohíba pedir la baja y tomarse el año sabático tan seguidos?
—Es posible. —Tom le acarició la parte baja de la espalda—. Pero en mi contrato especifiqué que quería tomarme el año sabático dentro de dos años. Fue parte de las condiciones que exigí.
—No quiero que malgastes tu año sabático así —murmuró ________.
Él le apoyó la mano justo antes de llegar al culo.
—Pasar tiempo con el bebé no es malgastarlo.
—Pero no podrás acabar el libro.
—Ya buscaré la manera. Pero aunque no diera con ella, valdría la pena. Habla con Cecilia — añadió—, a ver qué dice. En cualquier caso, no te preocupes. Te hice unas promesas y voy a cumplirlas.
_________ sonrió.
—Por eso mismo no estoy histérica.
Él la miró fijamente.
—Bien.

CAP 74.-
Abril de 2012

—Y bien, _______. ¿Qué puedo hacer por ti? —Cecilia Marinelli hizo pasar a su alumna al despacho, señalando una cómoda silla cercana al escritorio.
La profesora, que no llegaba al metro cincuenta, tenía una melenita oscura y ojos azules, era originaria de Pisa y hablaba inglés con un fuerte acento.
—He venido a pedirte consejo. —_______ empezó a retorcerse las manos.
—Tú dirás. —Cecilia le dirigió una mirada de ánimo.
—Ejem, voy a tener un bebé.
—¡Felicidades! Eso son buenas noticias, ¿no? —le preguntó en italiano, con una amplia sonrisa.
_________ también se pasó al italiano para responder:
—Sí, muy buenas, pero... daré a luz en septiembre, justo al principio del semestre.
La profesora se encogió de hombros.
—Pues pides la baja y vuelves el año que viene.
—No quiero quedarme atrás en los estudios, así que he decidido no coger la baja.
La profesora Marinelli negó con la cabeza.
—No es muy buena idea. En el tercer año tienes que empezar tu actividad como docente, aparte del curso de lingüística y de otra clase. Y a final del curso tienes los exámenes generales.
»Si el bebé nace en septiembre, las prácticas docentes y las clases tendrían que atrasarse hasta enero. Y se te juntarían con los exámenes generales. Sería demasiado —le dijo Cecilia con amabilidad.
—No me había dado cuenta.
—Haz lo que quieras, pero yo te aseguro que me cogería la baja.
—¿De verdad?
La profesora se echó hacia atrás en la silla.
—Serían demasiadas cosas juntas en un solo curso. Tus compañeros tendrían ventaja en los exámenes. No puedes permitírtelo.
»Lo más justo es que te tomes dos semestres de baja; un curso entero. Luego, al volver, haces las prácticas como docente en el primer semestre y los exámenes generales en septiembre del año siguiente.
»Irás un curso por detrás de los demás, pero no te bajará la media de notas. Además, eres muy buena estudiante. Podrías recuperar esa diferencia cuando escribas la tesis. En todo caso, es mejor ir un año por detrás que darte cuenta a medio curso de que no llegas a todo.
A ________ se le cayó el alma a los pies cuando todos sus planes se hicieron añicos. Empezó a buscar soluciones desesperadamente.
—¿No hay cursos en verano?
Cecilia se dio cuenta de su reacción y volvió a cambiar al inglés para responderle:
—No, lo siento.
________ se estaba retorciendo las manos sobre el regazo.
—Es que Tom pensaba pedir la baja por paternidad para que no tuviera que pedirla yo.
—¿Tom con un bebé? —Cecilia empezó a reír y a murmurar en italiano.
(Al parecer, la idea de que el Profesor cuidara a un bebé le resultaba muy divertida. En eso no estaba sola.) —No me lo esperaba. Pero eso demuestra que será un buen padre, ¿no crees? Está muy bien que esté dispuesto a ayudar, pero eso no soluciona los problemas que pueden surgir. No es realista pensar que podrás tener el bebé en octubre y volver a clase al día siguiente. Dios no lo quiera, pero pueden surgir todo tipo de complicaciones tanto antes como después del parto.
Ella se encogió al oírlo.
—Tampoco había pensado en eso.
Cecilia sonrió, paciente.
—Precisamente por eso tenemos asesoras, para dar consejos. Personalmente te recomiendo que pidas la baja. No perderás la plaza ni la beca de estudios.
»Si quieres, puedo darte una lista de lecturas para que vayas avanzando en la propuesta de disertación doctoral en tus ratos libres. También podrías adelantar en los otros idiomas, aunque tampoco deberíamos ser demasiado ambiciosas.
»Y hay otra cosa, pero debes prometerme que lo mantendrás en secreto. El profesor Matthews está esperando para hacer el anuncio formal. —Volvió a pasarse al italiano, como si ese idioma les diera más privacidad.
—Por supuesto —replicó ________, mirando a su tutora con interés.
—La profesora Picton ha decidido venir a Harvard.
—¿De verdad? Es fantástico. —A ________ le dio un vuelco de alegría el corazón—. Pero yo pensaba que la plaza fija en estudios sobre Dante te la habían dado a ti.
—Así es. Tiene contrato firmado en Oxford por un curso más. Llegará aquí en septiembre del año que viene, justo cuando tú te reincorpores a las clases. No puedo hablar por ella, pero tengo la sensación de que estaría encantada de ser una de las lectoras de tu tesis. Eso sería muy bueno para ti.
________ sonrió mientras mentalmente hacía planes a toda velocidad.
—Bien —concluyó Cecilia, volviendo a cambiar de idioma—. No te digo que ser madre y estudiante a la vez vaya a ser fácil, pero puedes hacerlo. Por favor, felicita a Tom de mi parte. Me alegro mucho por los dos.
Ella le dio las gracias y salió del despacho.

Cuando llegó a casa a la hora de cenar, Tom estaba sentado en un taburete en la isla central de la cocina, leyendo atentamente el periódico. Al verla, lo soltó inmediatamente.
—Hola, preciosa. ¿Cómo ha ido el día?
—No ha ido mal del todo —respondió ella, dejando el maletín en el suelo y sentándose a su lado.
—¿Qué pasa? —preguntó él, sujetándola por la nuca con suavidad y acercándola para besarla—. ¿Te encuentras mal?
—No. Tengo noticias buenas y malas.
La expresión de Tom se ensombreció.
—Empieza por las malas.
—La profesora Marinelli cree que debo pedir la baja por maternidad.
—¿Por qué piensa eso?
—Como el bebé nacerá en septiembre, no cree que pueda seguir el programa del primer semestre. Y tal como está distribuido el programa general, sería demasiado exigente tratar de juntarlo todo en el segundo semestre. Por eso me recomienda que me salte un año entero.
Tom se frotó la barbilla.
—Había olvidado lo exigente que es el tercer año. ¿Qué piensas hacer?
—¿Qué puedo hacer? Tendré que pedir la baja por maternidad. —Apoyó los codos en la encimera.
—________, puedes hacer lo que quieras. Si quieres volver a las clases después del parto, ya buscaremos la manera de hacerlo funcionar. No hace falta que te matricules en todas las asignaturas hasta que te pongas al día.
—A los profesores no les gusta que los alumnos se apunten a unas asignaturas y a otras no.
—No, no les gusta, pero estoy seguro de que en este caso lo permitirían.
—Pero luego tendría que ponerme al día de las que me faltan y preparar los exámenes generales al mismo tiempo.
—Es verdad, pero si es lo que quieres hacer, buscaremos la manera. Que a Cecilia le parezca difícil no quiere decir que no sea posible. Sabes que te ayudaré en todo lo que haga falta. Lo lograré, te lo prometo.
________ se volvió hacia él. Su mirada era franca y llena de calidez.
—¿Tú lo lograrás?
—Lo lograremos. Pero no tengas miedo. No pienso decirte lo que tienes que hacer. La decisión es tuya. Tú decide y yo hablaré con Greg si hace falta.
—No, ya hablaré yo con él. Pero...
—¿Qué?
—Aún no te he contado las buenas noticias. Cecilia me ha confirmado que Katherine vendrá a Harvard.
—¿Qué? —Tom se quedó tan sorprendido como ella—. La semana pasada me envió un email y no me dijo nada.
—Al parecer, seguirá en Oxford un año más, pero luego vendrá como profesora visitante. Ésa es otra de las razones por las que Cecilia me ha recomendado esperar. Katherine llegará cuando acabe mi baja.
—Es genial.
—Lo es, pero... —________ negó con la cabeza—. No quiero pedir la baja por maternidad, pero tengo miedo de suspender los exámenes generales si no lo hago.
—No suspenderás.
—Pero no estaré en plena forma.
—Pues tendrás que recuperarla. Rebecca y yo estaremos aquí defendiendo el fuerte. Tú podrás estudiar para los exámenes y hacer lo que tengas que hacer.
—Es que también querré hacer de madre —susurró—. No quiero ignorar al bebé.
—Estoy seguro de que encontraremos el punto de equilibrio. —Le dio un beso en la cabeza antes de dirigirse a la nevera. Sacó una botella de gingerale y se lo sirvió en un vaso con hielo—. No hace falta que tomes una decisión ahora. Puedes matricularte y si luego ves que no puedes, lo dejas para el año que viene.
—No quiero matricularme y luego dejar el curso a medias. Ni quiero arriesgarme a suspender los exámenes. —Volviéndose hacia él con expresión preocupada, añadió—No quiero ser una madre que nunca está en casa, como Sharon.
—No serás como ella. —Tom bajó la vista hacia la encimera de mármol y dibujó encima con el dedo.
—La verdad es que no sé qué haremos cuando llegue el bebé. Lo único que tengo claro es que pediré la baja.
—Cecilia me dijo que podría darme una lista de lecturas para ir preparando la disertación doctoral. Podría avanzar por ahí durante la baja. O dedicarme a los otros idiomas.
Tom levantó la cabeza.
—Estoy seguro de que el bebé estará encantado de aprender más sobre Dante y también de poder decir palabrotas en más idiomas aparte del alemán.
________ se echó a reír y lo abrazó por la cintura.
—No quiero perderme los primeros meses contigo y nuestro hijo. A saber qué travesuras haríais en mi ausencia.
—Oh, te aseguro que muchas. —Le guiñó un ojo—. Y hay una elevada probabilidad de que también hubiera diabluras y mucha jarana. Regularmente.
—¿Y si el bebé o tú me necesitáis?
La expresión de él se volvió solemne.
—Por supuesto que te necesitaremos. Pero si no estás, nos espabilaremos igualmente. —Le acarició la mejilla con suavidad con el dorso de los dedos—. Si coges la baja, podríamos pasar una temporada en Umbría.
—¿De verdad?
—O en Oxford, París o Barcelona. Donde tú quieras.
—¿En Selinsgrove?
Tom se echó hacia atrás.
—¿De todas las ciudades del mundo, tú quieres ir a Selinsgrove?
—Es donde está tu familia. Y la mía. Me gustaría estar cerca de Diane. Puede darme consejos y podemos quedar para que los niños jueguen.
—O podríamos hablar con ella por videoconferencia desde Europa.
—El huerto está allí.
Tom le recorrió el labio inferior con el pulgar y suspiró.
—Sí, el huerto está allí.
—Probaré a matricularme para el curso que viene y si no me veo capaz de volver a clase después de que nazca el bebé, dejaré las clases. Cogeré la baja y me dedicaré a preparar los exámenes generales desde casa. Así no iré tan atrasada.
—Me parece un buen plan. Para entonces, Katherine ya estará aquí.
—Me gustaría que el bebé naciera en el hospital Mount Auburn. Después ya decidiremos adónde queremos ir. No me apetece meter a un niño tan pequeño en un vuelo transatlántico.
—Hum, no había pensado en ello.
________ se rodeó la cintura con las manos.
—Hay muchas cosas en las que no hemos pensado.
—Ah, pero tengo un libro. —Tom alargó el brazo para hacerse con el ejemplar de Qué esperar cuando estás esperando que tenía cerca.
—Marca la parte en que hablan de vuelos transatlánticos y de escribir un libro sobre la idea de infierno de Dante mientras se cuida de un bebé. Luego la leeré.
—Muy graciosa, señora Kaulitz. —Volvió a dejar el libro.
________ se acercó a él hasta que quedaron pegados.
—Aunque si fuéramos a Europa, podríamos visitar algún museo.
—No lo dudes.
—Y podríamos bailar el tango vertical contra alguna pared.
—Si queremos volver a bailar el tango en un museo, tendríamos que llevarnos a Rebecca con nosotros —le recordó él, presionándole la boca abierta contra el cuello.
—Los museos ya no son tan complacientes como antes.
Tom la miró con los ojos brillantes.
—Excepto nuestra última visita a los Uffizi.
_______ se ruborizó.
—Eso es lo que quiero para nuestro próximo aniversario.
—¿Qué? ¿Un museo? —Tom sonrió irónico.
—No, un tango contra la pared.
—¿Quieres que vayamos al Louvre la próxima vez?
Ella sintió que se encendía por dentro.
—Suena prometedor.
Él le acarició el cuello con los labios.
—Tenemos un montón de cosas buenas y prometedoras por delante, señora Kaulitz. Pero creo que ahora mismo lo que deberíamos hacer es leer ese libro.

CAP 75.-
Selinsgrove, Pensilvania

—Estás ¿qué?
A Rachel se le escurrió el montón de platos que llevaba. Por suerte fueron a parar a la encimera. Se quedó mirando boquiabierta a su amiga. Tom rodeaba los hombros de su esposa con el brazo. Estaban de pie, en medio de la cocina de los Clark. Scott, Tammy y Quinn estaban sentados en los taburetes, mientras Richard y Aaron
hablaban cerca de los fogones.
—Estoy embarazada —repitió ________, con la mirada clavada en su amiga y cuñada.
En la habitación se hizo el silencio.
—Pe... pero no sabía que lo estuvierais intentando —balbuceó Rachel—. Pensaba que queríais esperar.
—Las noticias fueron inesperadas, pero bienvenidas —dijo Tom, dándole un beso a ________ en la sien.
—Son espléndidas noticias, ________. ¿Para cuándo lo esperas? —intervino Tammy.
—Para septiembre. —Posó la mano en su vientre ligeramente curvado—. Anoche se lo contamos a mi padre, a Diane y al tío Jack.
—Creo que esto se merece unos puros. Estoy muy orgulloso de los dos. —Richard le estrechó la mano a Tom y le dio unas palmadas en la espalda antes de besar a ______ en la mejilla—. Será divertido tener otro bebé correteando por aquí. Quinn y Johny tendrán otro amiguito para jugar.
—Exacto. —Tammy fue la siguiente en abrazar a ________, seguida de Scott.
________ miró a Rachel, insegura.
—¿Rach?
—Yo... —Cerró la boca de golpe. Parecía estar a punto de echarse a llorar.
Aaron le rodeó los hombros con un brazo y le susurró algo al oído.
—Me alegro por ti —logró decir finalmente Rachel. Al cabo de un momento, abrazó a _______ y a Tom a la vez—. De verdad. Me alegro por los dos.
A _______ los ojos empezaron a llenársele de lágrimas.
—Creo que deberíamos dejar a las chicas a solas un momento. ¿No dan ningún partido en la tele? —Con el pulgar, Aaron señaló el salón, donde estaba el gran televisor de plasma.
Tammy, Quinn y los hombres se retiraron rápidamente, dejando a las dos cuñadas solas.
—¡Menuda sorpresa! —Rachel se sentó en uno de los taburetes—. ¿Fue un accidente?
_______ se mordió el labio.
—Tom no quiere que usemos la palabra «accidente». No quiere que el bebé crezca pensando que no era deseado.
—¡Claro que no! —exclamó Rachel, horrorizada—. Ni se me había ocurrido verlo así. Lo siento.
—Pero... ejem... es evidente que fue algo inesperado, porque teníamos previsto esperar.
Su cuñada la miró fijamente.
—Menudo susto, ¿no? ¿Estás bien?
—Al principio no, pero Tom se ha portado maravillosamente. Está encantado y es difícil no contagiarse de su entusiasmo.
»Rebecca se ha instalado en casa y nos ayudará con el bebé. Cogeré una baja parcial por maternidad y Tom hará lo mismo.
Rachel reprimió la risa mientras apoyaba un antebrazo en la encimera.
—¿Mi hermano cogerá una baja por maternidad? Lo creeré cuando lo vea.
—Bueno, de hecho es por paternidad. Puede hacerlo y quiere hacerlo. También podría tomarse un año sabático, pero se lo guarda para más adelante. —Se sentó a la izquierda de su amiga—. Habíamos pensado que podríamos venir a pasar una temporada aquí cuando nazca el bebé.
—A papá le encantaría —dijo Rachel, emocionada—. ¿Se lo habéis dicho ya?
_________ negó con la cabeza.
—Esperábamos a daros la noticia a todos. —Mirando hacia el salón, añadió—: Probablemente Tom se lo esté pidiendo ahora.
—Papá le dirá que sí. ¿Vendrá Rebecca también?
—No lo había pensado. Supongo que sería ridículo que tres personas se ocuparan de un bebé.
Rachel se la quedó mirando.
—No tienes mucha experiencia en bebés, ¿no? Te irá muy bien que Rebecca se ocupe de la casa y cocine para todos. —Se miró las uñas—. Y podrás quejarte con Diane de lo duro que es ser madre. Nosotros vendremos a pasar los fines de semana. El bebé crecerá rodeado de su familia.
—Sí, ésa era la idea. Siento que haya llegado en este momento. Sé que vosotros lo estáis intentando y me siento tan...
—No —la interrumpió Rachel con una sonrisa forzada—. Me alegro por ti. Y voy a ser la mejor tía del mundo. Espero que algún día tú puedas ser la tía de mis hijos.
—Yo también. —_______ sonrió, pero por dentro se le retorcieron las entrañas sintiendo el dolor de su amiga.

Esa noche, de pie en medio del antiguo dormitorio de su esposa, que seguía decorado con los trofeos y premios de su infancia, Aaron abrazaba a Rachel, que lloraba entre sus brazos. Se sentía impotente.
—Rach —susurró, acariciándole la espalda.
—Es tan injusto —logró decir ella, agarrándole la camisa con fuerza—. ¡Ni siquiera lo querían! _____ quería esperar a acabar los estudios. No me lo puedo creer.
Su marido no sabía qué decir. Cuando _______ anunció la buena noticia había sentido una punzada de envidia, pero no era nada parecido a lo que sentía Rachel. Tras un año tratando de quedarse embarazada, estaba al borde de la depresión.
No quería que se obsesionara con las injusticias de la vida ni otras cuestiones existenciales de difícil respuesta.
—Sé que estás disgustada, pero tienes que calmarte un poco.
—Quiero a mi madre. —Apoyó la cabeza en el hombro de Aaron—. Ella sabría qué hacer.
—Sabes que adoraba a Grace, pero ni siquiera ella podía hacer milagros.
—Pero me daría consejos. Y no volveré a verla nunca. —Una nueva tanda de sollozos se escaparon del pecho de la joven.
—Sabes que eso no es verdad —susurró él, acariciándole la espalda una vez más—. Ha sido una sorpresa, pero tenemos que superarlo. La gente va a seguir teniendo niños. ¿No querrás que esto se interponga en tu amistad con _________?
—No lo hará.
—Buena chica. Así que nada de lágrimas mañana. —Se apartó un poco y la miró preocupado.
—Puedo hacerlo. Antes me he ganado un Oscar. Me habría echado a llorar en cuanto lo han anunciado.
—No quiero que actúes, Rachel. Quiero verte bien porque estés bien.
—Pero es que no estoy bien —replicó ella, sentándose en el borde de la cama.
—También quería hablarte de eso. —Aaron se sentó a su lado—. En vez de centrarnos tanto en lo que no tenemos, me gustaría que empezáramos a valorar lo que tenemos. Tenemos trabajo, una bonita casa, tenemos...
—Tenemos tratamientos de fertilidad que no están funcionando. —Rachel maldijo entre dientes.
—Hay otras opciones; ya lo hemos hablado.
—No quiero rendirme todavía.
—No hace falta que nos rindamos, pero podríamos tomarnos un descanso para relajarnos un poco.
—¿Un descanso? —Ella lo miró con curiosidad.
—Dejemos el tratamiento y olvidémonos de tener niños por una temporada.
Rachel se cruzó de brazos.
—No.
Él le cogió una mano.
—Creo que la presión te está afectando.
—Puedo soportarlo.
—No, cariño, no puedes. Te conozco bien y por eso te digo que necesitas un descanso. Los dos lo necesitamos.
—El tratamiento de fertilidad dura un año. No podemos parar ahora. —La barbilla de Rachel empezó a temblar.
—Sí podemos. —Aaron le rozó los labios con los suyos—. Iremos al médico cuando volvamos a Filadelfia. Y luego nos tomaremos unas largas vacaciones. Tom me dijo que nos dejan su casa de Italia. Necesitamos un descanso para volver a ser una pareja normal.
—¿Y si esto no es temporal? ¿Y si nunca podemos...?
—Si fuera así, buscaríamos otras alternativas. —La abrazó—. Y tengamos o no un bebé, nos tenemos el uno al otro. Algo es algo, ¿no crees?
Ella asintió.
—Tenemos que cuidarnos el uno al otro. Y si permito que sigas por este camino, no te estaré cuidando como te mereces.
—Me siento una fracasada.
—No lo eres —susurró él—. Eres la mujer más increíble que he conocido. Me encantaría formar una familia contigo, pero no a cualquier precio. Si tengo que verte sufrir así, paso. Lo siento, pero así no quiero hijos.
Ella lo miró sorprendida.
—Pensaba que era importante para ti.
—Lo es, pero tú lo eres más. Tú eres lo más importante y siempre lo serás. —Le apretó el hombro—. Quiero recuperar a la mujer con la que me casé. Una vez que lo hayamos conseguido, podemos volver a hablar de niños si quieres. ¿De acuerdo?
Rachel permaneció en silencio mientras asimilaba lo que Aaron le estaba proponiendo. De pronto, sintió como si le hubieran quitado un gran peso de encima. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que podía respirar libremente.
—De acuerdo.
—Te quiero —musitó él, abrazándola.

Al otro extremo del pasillo, ______ apoyó la cadera en la encimera del lavabo mientras observaba a su marido lavarse los dientes.
—Tu padre está orgulloso de nosotros porque vamos a tener un bebé.
Él asintió sin dejar de cepillarse los dientes.
—Eso quiere decir que está orgulloso de que hayamos practicado sexo y de que me hayas fecundado. ¿Crees que hacen camisetas que expresen esos sentimientos?
Tom se atragantó y escupió en el lavabo.
—¿Estás bien? —preguntó ella, solícita, dándole unos golpecitos en la espalda—. ¿Puedes hablar?
Respondió volviendo a escupir antes de echarse a reír a carcajadas.
—¿Camisetas? —repitió, apoyándose en el mármol—. ¿De dónde sacas estas ideas?
—No lo digo yo, ha sido tu padre. Creo que nadie me había dicho antes que estaba orgulloso de mí por haberme acostado con alguien. Mi padre dijo que se alegraba, no que estuviera orgulloso.
Tom dejó el cepillo en el soporte.
—Yo también lo estoy.
Se miraron en silencio.
—Sí que lo estás. —_________ sonrió—. El tío Jack pareció alegrarse pero estaba muy raro.
—¿Qué dijo?
—No es tanto por lo que dijo. Me felicitó, pero no dejó pasar la oportunidad para darme un sermón.
Tom alzó las cejas.
—¿Sobre qué?
—Sobre la necesidad de protegerme, a mí y al bebé. Le aseguré que estábamos perfectamente, pero entonces me preguntó qué hacías tú para protegernos.
—¿Y qué le dijiste?
—Que estabas pendiente de todo lo que necesitaba y me acompañabas a todas las visitas con el médico. Él murmuró que no era suficiente.
Tom frunció el cejo.
—¿Le dijiste algo más?
—Le pregunté qué le preocupaba, pero entonces se cerró en banda. ¿Crees que puede tener algo que ver con Simon y Natalie?
—Lo dudo. Si hubiera alguna novedad, nos habría avisado.
—Supongo —admitió _______, sacudiendo la cabeza—. Me prometió que nos protegería a distancia y yo le dije que se lo agradecía. Ha sido una conversación muy extraña.
—Tu tío Jack es una persona peculiar. Tal vez quiera darle una paliza a Greg Matthews para asegurarse de que te dé una baja por maternidad.
—El profesor Matthews ya la ha autorizado. No necesito la ayuda del tío Jack para eso. —Con una sonrisa, _______ salió del cuarto de baño.
Se acercó a la ventana y contempló el cielo sin estrellas. Tom  vio su cuerpo silueteado bajo la tela del camisón antiguo de hilo blanco: las largas
piernas, las caderas y su culo redondeado. Apagó la luz y se plantó tras ella. Le apartó el pelo de la nuca con sus hábiles dedos.
—La conversación con mi hermana no ha debido de ser fácil. Aunque pensaba que se lo tomaría peor.
Entrelazó los dedos con los de ella y apoyó las manos unidas de ambos encima de donde crecía su bebé.
—Aaron y Rachel llevan tanto tiempo intentándolo y ahora llegamos nosotros y ¡boom!
¡Sorpresa: estamos embarazados!
Tom se echó a reír y le apoyó la barbilla en el hombro.
—No fue exactamente así. Hubo intervención divina.
—¿De verdad lo crees?
—¿Tú no? —Tom se tensó.
—Sí, lo creo, pero me siento culpable. Me parece injusto —susurró _______.
—Tal vez deberíamos esforzarnos más en apoyarlos. Esto tiene que ser muy duro para ellos. — Besándole la nuca, él la abrazó con más fuerza—. ¿Le has contado alguna vez a Rachel cómo nos conocimos?
—No. Era un recuerdo demasiado precioso y, a la vez, demasiado doloroso.
—¿Y ahora?
—Tampoco. Me gusta que sea nuestro secreto. Tu familia es genial, pero no creo que lo entendieran. Y mi padre te perseguiría con una escopeta.
—Ya veo.
Tom le acarició la nuca suavemente hasta que ella se encogió.
—Lo siento —murmuró él—. Me había olvidado de la cicatriz.
—No pasa nada. Me has pillado por sorpresa.
Volvió a acariciarle la nuca, esa vez con cuidado de evitar la cicatriz causada por su madre.
—Sharon era una buena madre a veces, cuando no bebía y no había ningún hombre en casa. —_______ tragó saliva con dificultad—. Me llevaba al zoo o hacíamos picnics. Me dejaba ponerme su ropa y me peinaba. Me lo pasaba muy bien.
Él dejó de acariciarla y permaneció unos instantes en silencio.
—Yo también tengo algunos buenos recuerdos de mi madre. Siento que Sharon te hiciera daño. Ojalá pudiera borrar esas cosas de tu vida.
—No entiendo por qué se molestaba en ser amable a veces si luego siempre volvía a maltratarme.
Él volvió a acariciarle el pelo.
—Yo sí que lo entiendo. Es típico de los maltratadores. Tratan mal a sus víctimas, pero siempre alternan esos maltratos con períodos de amabilidad. Así la víctima se queda a su lado, esperando a que vuelva esa amabilidad. Pero cuando lo hace, dura poco. Sé lo que se siente. Por desgracia.
_______ se volvió hacia él.
—Hemos superado muchas cosas.
—Sí.
—Lo que pasó con Simon ya no me atormenta. Siento que hemos pasado página.
Él maldijo entre dientes.
—Ese hijo de puta tiene suerte de que su poderosa familia lo proteja. Todavía tengo ganas de darle una buena lección. Y a su novia también. A tu tío Jack no le hizo gracia que los dejáramos escapar tan fácilmente.
______ le puso una mano en el pecho.
—Todo eso está superado. Simon va a casarse y Jack dijo que Natalie se ha ido a vivir a California.
—Cuanto más lejos, mejor.
—No sé si seré una buena madre, pero, desde luego, sé lo que no tengo que hacer.
Tom le acarició el vientre por encima del camisón.
—Para ser una buena madre hay que ser buena persona. Y tú eres la mejor persona que conozco. —La besó con delicadeza—. Al estar aquí, en esta casa, recuerdo cómo era la vida con mis padres. Podemos tener un hogar como el suyo, lleno de amor y alegría. Dios ha sido espléndido con nosotros. Nos ha llenado de amor y bendiciones —dijo con un hilo de voz.
—Me alegro mucho de no haber tenido que pasar por esto sola.
—Yo también.

Cogiéndola de la mano, Tom la llevó a la cama.


UNA DISCULPA!! AYER LO AGREGE PERO NO APARECIO .-. ... BUENO LES HABIA DICHO EN LA OTRA PUBLICACION QUE LA NOVELA YA PRONTO VA A TERMINAR ASI QUE ME GUSTARIA VER SI PODRIA SER ESTA SEMANA QUE COMIENZA PARA EMPEZAR "SORPRENDEME" ... ASI QUE YA SABEN, COMENTEN 4 O MAS PARA AGREGAR TODOS LOS DIAS Y QUE TERMINE ESTA NOVE QUE ESTOY SEGURA QUE QUIEREN SABER COMO TERMINARA :)) BUENO SIN MAS QUE DECIR ME DESPIDO, QUE ESTEN BIEN :)) ADIOS 

3 comentarios:

  1. Me tenias preocupada virgiiii y muy intrigada también pero tranquila te entiendo, me encanto pobre Rachel me da cosa con ella :( pero a pesar de todo se porto muy bien con (Tn) cuando le dio la noticia sobre su embarazo, y si virgii me muero x leer la nueva publicación "Sorprendeme" me parece muy interesante y erótica jeje espero los próximos caps no te pierdas!!!

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  2. Pobre Rachel!! :/ Lo bueno que Aaron la tranquilisoo.

    Te juro que amo esta adaptación. Y obvio querenos leer la otra fic.

    Subeee!! No tardes porfaa ;)

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  3. Oomg al fin u.u me encanta , no quiero que termine u.u sube pronto bye

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